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Pablo González Casanova (1922-2023) y sus Aportes al Pensamiento Crítico
Universal
José Gandarilla*
… principal problema de que me ocupo … que no es el de la per-
secución del pensamiento sino el del conocimiento perseguido;
del conocimiento al que se teme y persigue tanto desde el punto
de vista de la comprensión como de la educación (González
Casanova, 2000, 43).
En semanas pasadas, el 18 de abril de 2023, hemos tenido noticia del sensible fall-
ecimiento del Dr. Pablo González Casanova, indiscutible baluarte en la defensa e
impulso de la universidad pública, y dentro de ella del cultivo de un pensamiento
impugnador del orden vigente, pero apto para la construcción de la emancipación
de nuestras naciones y para la justicia, la democracia, y el buen entendimiento entre
los pueblos.
En su muy larga trayectoria desplegó una incesante actividad ligada al sector ed-
ucativo y desde sus facetas más tempranas hasta sus últimos días, caracterizada por
una infatigable vocación por desarrollar una apropiación de los avances cientícos
del más alto nivel, y de las humanidades con el mayor respeto y despliegue de los
grandes valores civilizatorios, con la mira puesta en su reorientación hacia la búsque-
da de sociedades alternativas, para la construcción de una mejor experiencia de vida,
de otros mundos posibles, o para el aseguramiento de la supervivencia de la vida
humana y no humana en el planeta.
Pablo González Casanova concluyó estudios de jurisprudencia, a los que sumó
estudios de posgrado, siendo integrante de una de las primeras generaciones de un
programa innovador que ofrecían la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM), la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y el Colegio de
México (Colmex), del que obtuvo, con Magna Cum Laude, su Maestría en Ciencias
Históricas (1947); luego emprendió su camino hacia Europa, más en concreto, a la ci-
udad de París, y a la Universidad de La Sorbonne, donde obtuvo su doctorado (1950)
también con calicación de Mention très honorable.
Si en sus estudios de maestría asistió a las clases de algunos grandes maestros
*Doctor en Filosofía Política, por la UAM – Iztapalapa.Investigador Titular B, Denitivo, del Centro de
Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades
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HOMENAGEM
del exilio republicano que habían llegado a México (entre ellos el historiador José
Miranda, el sociólogo José Medina Echavarría y el lósofo José Gaos), con los
estudios de doctorado se beneció del magisterio, entre otros, de sociólogos como
Georges Gurvitch y Georges Friedmann y lósofos como Jean Wahl y Jean Hyppolite,
y tuvo por tutor de su tesis al gran historiador de l’École des Annales, Fernand
Braudel, “el maestro que más me atendió, según sus propias palabras. De esa etapa
brota también su interés por la obra del comunista sardo Antonio Gramsci, a quien
leyó con asiduidad desde aquella estancia parisina, pues como él mismo lo consigna
a Gramsci lo conocí porque me regaló sus obras completas, recién publicadas por
Einaudi, Vicente Lombardo Toledano.”(González Casanova,2009, 66). Personaje, este
último, inuyente sindicalista y político del México postrevolucionario y exponente
de un nacionalismo anti-imperialista, y con el que González Casanova tenía un cierto
vínculo pues era tío de quien fuera su primera esposa, Natacha Henríquez Lombardo
(cuyos padres fueron Pedro Henríquez Ureña e Isabel Lombardo Toledano), madre
de sus tres hijos que le sobreviven, Pablo, Pedro y Fernando.
A su regreso a México, contando menos de 30 años se reintegrará, en su carácter
de primer doctor en Sociología del país, a las dos instituciones en las que había
empezado a labrar su trayectoria, el Colmex y la UNAM. En su estancia parisina
se empapa del trato renado de la alta cultura (arte que ya venía prodigando desde
antes de su viaje a París, a través del cultivo cuidadoso, junto con su esposa Natacha,
de una fraterna y provechosa relación con otros integrantes y parejas intelectuales
del medio cultural mexicano, y también latinoamericano y del Caribe), así como de
un decisivo involucramiento en las tres materias que con mayor ahínco se empeñó
en profundizar desde aquellos tempranos años, pues como él mismo lo consigna:
en París estudié losofía, sociología y marxismo” (González Casanova, 2009, 66).
El paso de su vinculación laboral con el Colmex (primero como becario) hacia una
dedicación cada vez más exclusiva con la UNAM, lo llevaría a forjarse una trayectoria
que lo ve pasar (a mediados de los años 50 del siglo pasado) de una contratación
parcial con el Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc-UNAM) a un contrato
denitivo en el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS-UNAM). Su inserción al
medio universitario transcurre de la mano con su interlocución con destacados
integrantes del campo intelectual, cultural y literario del país (Alfonso Reyes, Jesús
Silva Herzog, Daniel Cosío Villegas, entre otros); en algunos casos hereda amistades
de su padre, en otros cultiva camaraderías que se fueron haciendo duraderas (Luis
Cardoza y Aragón y Lya Kostakowsky, Julio Le Riverend, entre otros). Sus primeras
reexiones se difunden en inuyentes revistas de nuestra universidad como la Revista
Mexicana de Sociología, Investigación Económica, Cuadernos Americanos, o a través
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de las publicaciones del Seminario sobre Problemas Ciencos y Filosócos, aquella
recordada entidad albergada por la UNAM y que, en su primer período (entre 1955
y 1960), coordinaban Guillermo Haro, Samuel Ramos y Eli de Gortari. En esa época,
los libros de González Casanova, se editaban tanto por el Colmex, como por la
UNAM o por las nacientes editoriales Era o Siglo XXI, sin olvidar sus colaboraciones
como traductor para el FCE.
Su andar en el campus universitario, su papel como investigador universitario,
y su participación más integral como “intelectual orgánico de la universidad
pública” -como él mismo llegó a definirse- encontraron en el movimiento
estudiantil universitario de 1968 un momento de estremecimiento y clarificación,
de quiebre o radicalización en sus teorías y en su praxis, de tal modo que ese
acontecimiento resume el trastocamiento de sus preocupaciones intelectuales y
políticas que, si ya se habían desplazado, en los años cincuenta, de la historia, la
historia de las mentalidades y la sociología del conocimiento hacia los temas de
la sociología, la democracia y el poder, y de un énfasis en el estudio histórico, y
de los siglos pasados, como determinantes del rumbo del proyecto nacional a los
temas más recientes del desarrollo económico y social como problema político
fundamental. ; Luego de la revolución Cubana y hasta el inicio de los años
setenta esas encrucijadas intelectuales y políticas se irán canalizando también,
en su debido momento, como la exigencia de un razonamiento más pulcro, de un
acercamiento más cuidadoso y de pretensiones exhaustivas, a través del uso de
ciertos referentes de conocimientos y pensamientos “perseguidos” o “prohibidos”,
elementos que redondeara en sus análisis de los problemas de la democracia
en México, de la inscripción de ésta en el marco de luchas y conflictos de la
región latinoamericana, y del lugar de esta comarca del mundo como víctima
privilegiada de la agresiva relación geopolítica del imperialismo: indicador de
su consolidación y madurez será el estudio de dichas contradicciones desde
una perspectiva analítica crítica y actualizadora de Marx y de un cierto tipo de
marxismo, no convencional ni dogmático. Con ese enfoque logró dar especificidad
a su lectura crítica de la noción de «Desarrollo», y aunque conoció y dialogó con
representantes de las teorías de la dependencia, optó por ubicar su propuesta para
una sociología de la explotación (1969) como una versión de la “nueva sociología,
y me atrevería a decir, en una historia que está aún por analizarse y escribirse,
como un aporte precursor por construir una “teoría crítica de la sociedad desde
México, o más en general, desde el capitalismo periférico, esfuerzo que continuó
en sus libros sobre La nueva metafísica y el socialismo (1982), y en sus artículos
sobre “El Socialismo como alternativa global (Una perspectiva del Sur)» (1990) y
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HOMENAGEM
en otros en que defendió la articulación de luchas por la liberación, la democracia
y el socialismo, y por “una democracia universal y no excluyente.
Por aquellos años también, hay que decirlo, algo de lucidez o cordura correspondió
a los órganos de gobierno de nuestra universidad, pues con ello le brindaron, en
primer lugar, la oportunidad de desplegar sus iniciativas poniendo bajo su conducción
varias dependencias universitarias, la Escuela Nacional (luego Facultad) de Ciencias
Políticas y Sociales, el propio IIS-UNAM y, en segundo lugar, fue designado como
Rector de la misma UNAM, posición que ocupó por más de dos años (mayo de
1970-diciembre de 1972) y, en tercer lugar, logró la creación y fue designado como
director fundador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y
Humanidades (CEIICH-UNAM).
Siendo rector creó los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH’s), y el Sistema
de Universidad Abierta (SUA), y construyó las bases para reformas integrales y
sustantivas del sistema universitario que aún hoy son vigentes. Con la imposición del
neoliberalismo en nuestras naciones en los años ochenta, y la divulgación planetaria
de la ideología del “n de la historia, y el triunfo de la globalización capitalista, logró
convertir al CEIICH en faro de la reexión crítica y en un espacio de discusión sobre
las modicaciones en los sistemas de ciencias, las mudanzas paradigmáticas y los
nuevos enfoques sobre interdisciplina y sistemas complejos.
Sin embargo, su condición de intelectual independiente e incómodo para los
poderes en turno le llevó a renunciar a sus cargos de dirección en la Universidad en
dos ocasiones, en 1972, cuando deja la rectoría por una acumulación de dicultades, y
en 2000, cuando luego de la entrada de la Policía Federal Preventiva a las instalaciones
universitarias para detener la larga huelga estudiantil de aquellos años (1999-2000),
dejó la dirección del centro de investigaciones que había creado en 1986, y volvió
a su cubículo universitario a continuar sus investigaciones. No hizo de los cargos
de dirección universitarios un trampolín para la obtención de otras posiciones en
la esfera de la política ocial (como si lo habían hecho y después de él lo hicieron
otros ex rectores de esa Casa de Estudios), y nunca abandonó su proyecto de acercar
y ofrecer al pueblo llano y a los sectores desfavorecidos una educación pública del
más alto nivel (y que, de ese modo, contribuyese a la movilidad social) y un saber
comprometido y crítico. Sus propuestas, en esa temática, las sistematizó en su libro
La universidad necesaria en el siglo XXI (2001).
Por lo demás, resulta sorprendente que nuestro autor supiera combinar la
responsabilidad en la gestión institucional con su papel de intelectual que le reclamaba
su tiempo histórico y que supo esgrimir al modo de una nada escondida anidad
electiva con las luchas sociales que le tocó presenciar y vivir (desde la revolución
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cubana, el Chile de Allende, la revolución centroamericana y las luchas del Tercer
Mundo o tricontinentales), empatía con los de abajo que no fue mermando, sino
que supo canalizar en la forma de un trabajo colectivo, con enorme capacidad de
convocatoria y articulación de personalidades intelectuales de muchos rincones del
mundo. Por los pasillos de la Torre II de Humanidades, circulaban personajes de
la talla de Samir Amin, Immanuel Wallerstein, eotonio Dos Santos, Armand y
Michelle Mattelart, Elmar Altvater, Birgit Mahnkopf, Lin Chun, etc.
En la rebelión en Chiapas, desde el 1 de enero de 1994, encontrará el nuevo tipo de
movimiento con el que ha de establecer un compromiso ético de acompañamiento,
lo que no hacía sino conrmar la opción por el pobre y su anidad electiva con la
lucha de los pueblos indios de México, que desde muy temprano había establecido;
pero que ahora proyectaba en tanto alternativa civilizatoria para una comunidad de
comunidades, en el marco de la condición exacerbada en el carácter depredador y
destructivo del capitalismo.
Su liderazgo académico e intelectual nunca le fue regateado, pues al propio tiempo
de su capacidad de aglutinamiento (movimiento o estrategia de concentración de
voluntades que resultaba ecaz para la detección de temas y nudos problemáticos
de frontera), se daba ocasión para ir sumando sus propias aportaciones categoriales,
que iban alcanzando resonancia para la caracterización de procesos históricos y
de fenómenos emergentes. Términos, conceptos y redes conceptuales asociados
con su nombre se iban difractando hacia otros claustros académicos, pero no
reducían su impacto a esa zona del quehacer humano, sino que se abrían hacia
otros espacios y territorios, organizativos y comunitarios, para el ejercicio de las
políticas alternativas en zonas del mundo cada vez más insospechadas, prodigando
un alcance a sus proposiciones tanto de índole local como global. Nociones como
las de “colonialismo interno, “democracia de todos, “colonialismo global, “Estado
multiétnico, “interdenición de sistemas, “dialéctica de las alternativas, “dialéctica
de lo complejo, “teoría de la selva por la humanidad y contra el neoliberalismo,
revolución del siglo XXI”; serán conceptos cuya recuperación y actualización por
las nuevas generaciones podrán continuar su legado para un pensamiento crítico y
alternativo, y para un paradigma societal de “una democracia con poder, … un poder
con autonomías, y … una política con dignidad” (González Casanova, 1998: 27).
Referencias
González Casanova, Pablo. Reestructuración de las ciencias sociales: Hacia un nuevo paradigma, México:
CEIICH-UNAM, 1998.
González Casanova, Pablo, “El pensamiento perseguido” en Noemí Quezada, et. al. (editoras) Inquisición
novohispana, Vol. III, México: UNAM-UAM, 2000.
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HOMENAGEM
González Casanova, Pablo, De la sociología del poder a la sociología de la explotación. Pensar América
Latina en el siglo XXI, Bogotá: Siglo del hombre editores-CLACSO, 2009.